Son los mismos tonos, mismos modos, mismas modas de actuar; 
y adoramos lo efímero mientras lo eterno nos sostiene.
¿de qué sirven esas grandes frases? 
¿de qué sirve tu razón? si sólo te consume, te destruye 
Digerílo bien o puede que entres y salgas del mismo espejismo.

Too often, the only escape is sleep.

Charles Bukowski  (via wordsnquotes)

(Fuente: wordsnquotes, vía fuckyeahexistentialism)

"Sometimes, when you express thought to people, you leave it open for somebody to tromp in there and start tearing it down. I sing, Father I killed my monkey, to lead off the song, which explains that sometimes you even destroy your own so they can’t excavate it. When I was growing up, I started becoming very secretive about my thoughts and the sensory world I would go to, because there’s a lot of mind control that goes on constantly, people wanting access: ‘What are you thinking?’ So sometimes I’d have my own defense going, which would be to look them straight in the eye and make them think I’ve killed my imagination. But it’s like, I’ll take control."

…yo no veo nada / no sé nada
ni sé en qué día nací /
conozco la fecha pero no el día en que nací
¿o ese día es este día en que muero por enésima vez?
¿es este día en que todos los que han muerto
se vuelven a morir conmigo? / ¿o yo con ellos?
¿en esta luz dulcísima y abierta? /
¿y qué hace el niño con esta luz en su palma?
¿mientras todos trabajan para hacer dinero fuera de esta
luz?
¿encerrados afuera de esta luz que es imposible mirar sin
una luz adentro? /
¿sin un amor con pena adentro?…

Juan Gelman - Niños (fragmento)

A Heilner le habían tenido desde el primer momento por un ser singular y sospechoso, dotado de un genio irritante y especial. Y entre genios y maestros existe desde antaño un ancho abismo, y cuando cualquiera de los primeros apunta en la escuela, es para los profesores un horror anticipado.

Genios son todos los peores, los que no muestran ningún respeto en su presencia, los que comienzan a fumar a los catorce años, se enamoran a los quince, y a los dieciséis frecuentan la taberna, escriben composiciones insolentes y rebeldes, leen algunos libros prohibidos y se manifiestan, en todo momento, como candidatos a los más severos castigos. Un maestro tiene más a gusto diez asnos notorios que un solo genio en su curso, y mirándolo bien, no le falta razón, pues su tarea no es formar espíritus extravagantes, sino buenos latinistas, matemáticos y hombres leales y honrados.

Pero ¿quién sufre más a manos del otro?   ¿el   maestro  del   muchacho  o a la  viceversa?   ¿Quién de los dos es más tirano, más inoportuno y fatigador y cuál echa a perder y arruina pedazos enteros de la otra alma? Eso no puede averiguarse sin reflexionar con amargura y sentir ira y vergüenza al recordar la propia juventud. Aunque queda el consuelo de que a los verdaderos genios casi siempre se les cicatrizan las heridas, que también ellos acaban por convertirse en personas capaces a pesar de la escuela, de producir otras buenas y de que, años más tarde, cuando ya han muerto y su memoria está cercada con el nimbo luminoso de la gloria lejana, las nuevas generaciones les tomen como norma y ejemplo.

Y así se repite, de escuela en escuela, el espectáculo de la lucha entre la ley y el espíritu, y volvemos a ver siempre cómo Estado y escuela se abstraen en la tarea de matar y desarraigar a los espíritus más hondos y valiosos que brotan cada año. Y casi siempre suelen ser los más odiados por los maestros, los castigados con mayor rigor, los huidos o los expulsados de las aulas, quienes después acrecientan el tesoro de nuestro pueblo.

Algunos empero —¿y quién sabe cuántos?— se consumen en silenciosa terquedad y acaban por hundirse.

Hermann Hesse - Bajo las ruedas

Femke Oosterkamp.

Femke Oosterkamp.

Quisiera olvidarlo todo y despertarme frente a la luz anterior a los instantes.

 E. M. Cioran

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablamente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores.

Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida insoportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa.

Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a verios representantes del orden social burgués.

Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.

Herman Hesse

La música es un orden que de por sí tiende a curarte las penas. Lo que pasa es que también te podés enfermar de música por la pasión que ponés en ello. Hay que entender que para transmitir los sentimientos es necesario un procedimiento que exige demasiado de uno. A veces, cuando descubro una nueva tonada y esa tonada contiene esa emoción, ese fuego que yo quiero en mi música, generalmente me rompe el alma. No sé si me enferma o me cura, pero de por sí me como una angustia y un momento… Es como una cosa que me ahoga y, bueno, ¡tanto lío por este “tiraratarirara”!. Listo, te jodés y punto.
(…)
Es cierto que la buena música eleva el espíritu: cuanto mejor escrita esté, más feliz es el alma. Quizá yo pueda ayudar a la gente y curarla con la música. Es una buena meta, pero es un poco utópica.
Luis Alberto Spinetta

La música es un orden que de por sí tiende a curarte las penas. Lo que pasa es que también te podés enfermar de música por la pasión que ponés en ello. Hay que entender que para transmitir los sentimientos es necesario un procedimiento que exige demasiado de uno. A veces, cuando descubro una nueva tonada y esa tonada contiene esa emoción, ese fuego que yo quiero en mi música, generalmente me rompe el alma. No sé si me enferma o me cura, pero de por sí me como una angustia y un momento… Es como una cosa que me ahoga y, bueno, ¡tanto lío por este “tiraratarirara”!. Listo, te jodés y punto.

(…)

Es cierto que la buena música eleva el espíritu: cuanto mejor escrita esté, más feliz es el alma. Quizá yo pueda ayudar a la gente y curarla con la música. Es una buena meta, pero es un poco utópica.

Luis Alberto Spinetta

1 de enero, viernes.

Que este año me sea dado vivir en mí y no fantasear ni ser otras, que me sea dado ponerme buena y no buscar lo imposible sino la magia y extrañeza de este mundo que habito. Que me sean dados los deseos de vivir y conocer el mundo. Que me sea dado el interesarme por este mundo.

//////////llama y verás by Ankara